cummings
ni siquiera la lluvia,
tiene las manos tan pequeñas




Todo se oscureció.
Un manto de fango espeso y pestilente la abrazó por las espalda y se la llevó del reino de las luces y del porvenir a las marismas de la confusión y de la histeria, donde el dolor quema y marca, a la altura del pecho, a fuego, dejando una cicatriz profunda por donde caerán más adelante las lágrimas y los sudores fríos de la desesperación. En el trayecto, arrastrada entre meandros de lodo y alquitrán, recibió sin piedad los golpes de viejos materiales de desecho y compitió por un hueco en el canal sinuoso de la duda.
Al principio sacó la cabeza para respirar un poco de aire pero luego eligió el buceo para poder soñar con convertirse en un trozo de polietileno o un madero carcomido y flotante. Y así, sin sacar la cabeza del líquido viscoso que ya era su biografía, llegó al destino donde todo se oscurece más aún, viva todavía, llena de parásitos adosados que se daban un festín con las heces animales y humanas adheridas a su cuerpo.

En un bar él le deja una nota. Ella es camarera y quedan a medianoche. Hablan (se gustan) y acaban en casa de él. Ella pide un camiseta para dormir. Después le dice que si no le importa sólo dormir. Él está encantado, claro. Por la mañana él se levanta sin hacer ruido para no molestar.
Unos polacos entran en una película y se van a trabajar a Londres. En los créditos la primera palabra es guión. Terminan caminando hasta Heathrow porque no tienen peniques. Me dan unas cuantas lecciones.
Luis Buñuel, Javier Gurruchaga, la tos estéril, Adolfo Aristaráin, Oliverio Girondo, Casablanca, La gata sobre el tejado de cinc, La 2, Gutiérrez Solana, Luis Eduardo Aute, Sexilia Roth, Johan Cruff, Miguel Bosé, Paco Ibáñez, Barcelona, Benedetti, Pedro Almodóvar, la calle Corrientes, Marlon Brando, Willie Loman, Scott Fitzgerald, Rothko.En la vida personal algunas cosas se le complicaban. Su equilibrio desesperaba tanto a los hombres inseguros (que eran mayoría) que terminaban por dejarla. Se enfrentaba a ellos con su herramienta preferida: la verbalización de los conflictos. Pero su objetivo no era desanudarlos. Se valía de la comunicación porque así le había ido bien, pero claro, un novio o un amante no eran ni un director de recursos humanos ni una becaria de investigación de mercados. Y la cama no era una sala de juntas, y la sartén no era un ordenador y el cajón de los calcetines no era el armario del material de papelería. La pareja era la vida real. Lo que le servía en su trabajo, su carácter conciliador trufado de cierto despotismo no valía cuando uno de sus hombres llegaba con una copa de más o cuando, después de un polvo regular, él se levantaba a poner la radio tratando de olvidar los últimos minutos de sexo previsible y accidental.
